Todo por el maldito dinero


Desde esta habitación soy capaz de ver el saladar de aguamarga, oscuro y rodeado por carreteras. Los faros dinámicos de los automóviles parecen luces de feria en una de mis noches felices de pubertad. Son las seis de la mañana. He de ir a Murcia a vender libros a gente que no quiere comprarlos.
Nada me satisface. Cuanto más avanzo, más insatisfecho estoy. Las luces tintineantes de las farolas anaranjadas me hacen pensar que tal vez soy yo el problema. Demasiados pájaros en la cabeza tengo. Debo conformarme, tranquilizarme, aceptar, agachar la cabeza. El orgullo solo es para aquellos que pueden ser orgullosos. Yo soy ciclotímico. Mi orgullo está supeditado a mis buenos momentos.
Todo es siempre por el maldito dinero. Si no lo necesitara, no tendria esta rabia contenida.

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