Niños


 

– ¿Qué problemas? -le pregunto.

Ella me mira fijamente. Callada. Mortecina. Tiene mucho miedo. Soy capaz de sentir el temblor en sus pupilas. El silencio se alarga. No me lo va a decir. Teme por su vida.

– Me gustaría contarte la historia de mi amigo Charlie -intento romper el violento silencio y evitar así que se ponga a llorar.

>>Cuando acabé la carrera me monté un pequeño gabinete junto a algunos compañeros en Madrid. Éramos unos idealistas. Queríamos cambiar el mundo ayudando a la gente en lo que mejor sabíamos hacer: escuchar.
Un día me hizo una visita inesperada mi amigo Charlie. No sé si te he hablado alguna vez de él. Era un chico simpático. Solíamos corrernos muchas juergas en la facultad, y durante algún tiempo fuimos inseparables compañeros de desdichas junto a Javi y Vicky(de los que te hablaré otro día). El caso es que aquella mañana Charlie tenía un aspecto un tanto siniestro. Estaba demacrado, nervioso, e hiperactivo. Como si no hubiera dormido en toda la noche porque tenía algún tipo de temor. Recuerdo que sin decir una palabra se sentó en una silla y empezó a balancearse rápidamente mirando de un lado a otro.

– ¿Qué te ocurre? -le pregunté.

– Tío, no te vas a creer lo que me ha pasado -me respondió abriendo los ojos como platos- Llevo una semana sin poder dormir. Tienes que ayudarme. Tiene a Nuria. ¡Ya no sé que hacer!

– Tranquilo Charlie. Explícate. ¿quién tiene a Nuria? -le pregunté un tanto nervioso.

– Los niños. Se la han llevado sin que yo pudiera hacer nada.

La verdad, no sabía de lo que estaba hablando. Todo lo que decía eran incoherencias propias de un subidón de ácido lisérgico mezclado con mucho alcohol. Intenté tranquilizarlo para que me explicara toda la historia y saber exactamente qué le había pasado a Nuria.

-Como sabes, -continuó Charlie- hace unos meses que me fui a vivir a una pensión compartida donde vivían varias parejas. Todos parecían normales excepto los del fondo del pasillo. Eran gente muy extraño. Yo sabía que se llevaban algo entre manos, como tráfico de drogas o armas, pero prefería no meterme donde no me llamaban. La cuestión es que hace unos quince días desaparecieron. Se llevaron casi los muebles y todas sus cosas sin dejar ni rastro. Fue un alivio para todos nosotros, porque no queríamos líos, pero por otra parte teníamos que buscar a alguien que ocupara aquella habitación, para pagar el alquiler entre todos. Hace una semana, limpiamos la habitación entre todos los inquilinos. No había mucho que limpiar, pero aún así había que adecentarla para los próximos que vinieran. Lo que no esperábamos era encontrar lo que vimos debajo de la cama. Había un pentagrama, de esos que utilizan para los ritos satánicos que salen en la tele, escrito en sangre sobre el parque. Nos asustamos tanto que decidimos llenar un cubo con lejía y limpiar aquella cosa como si nos fuera la vida en ello. Pero lo peor estaba por venir. Aquella noche hacía mucho calor y yo dejé la puerta de mi habitación abierta. Eran las 3.33 de la madrugada cuando mi despertador comenzó a sonar solo. Me extrañé y no le hubiera dado demasiada importancia si no hubiera visto un pequeño resplandor en el pasillo. Pensé que era alguno de los inquilinos que había ido a la cocina y me di la vuelta en la cama para seguir durmiendo. En ese momento entró Karl, el estudiante de intercambio que vive en la habitación de al lado, corriendo en mi habitación. Me empezó a gritar cosas en alemán. No entendía nada. Y justo después comenzaron a entrar todos mis compañeros de piso. Estaban todos asustadísimos y aterrorizados. Yo le preguntaba a Karl qué era lo que pasaba, pero no conseguía articular una palabra en español sin tartamudear. En ese momento el resplandor comenzó a hacerse más fuerte, y se oyeron unos pasos en el pasillo. Todos nos callamos. Pude ver como Karl estaba sollozando como un niño pequeño mientras se agarraba a mi brazo. Entonces en el umbral de la puerta apareció una niña saltando a la comba. Era como un fantasma, o yo que sé. Nos miró a todos, esbozó una sonrisa y se hacia la habitación vacía. Todos estábamos muertos de miedo. De repente oímos a aquella niña desde el fondo del pasillo decir: "Como no hay nadie en esta habitación, mataré a todos los que viven en las otras habitaciones semana tras semana. Vosotros pagareis por sus pecados". Y desapareció el resplandor.

Continuará…

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Próximo combate: Sin determinar
Quedan 2 posiciones

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