Mono malvado…


 

Cuenta una antigua leyenda por estos lares que antaño habían grandes extensiones de árboles y palmeras por toda la costa alicantina. El ser humano era poco más que un sueño sombrío y los únicos seres que habitaban este maravilloso lugar eran una mezcla de monos salvajes que se alimentaban de dátiles y de una resina solidificada de una planta llamada hachís.
Eran días felices para aquellos monos. Podían beber, comer y destrozar cualquier cosa sin que nada ni nadie se lo impidiera, a excepción de otros monos que simplemente querían lo mismo que ellos.
Pero un día, la felicidad de este paraíso simiesco se vio truncada por una presencia extraña. De las costas del norte surgieron batallones de malvados hombres de negro que iban destruyendo todo lo que encontraban a su paso. Los árboles y las palmeras caían como cadáveres en el campo de batalla, las tierras quedaron secas y los monos tuvieron que desplazarse al interior donde un pequeño reducto de palmeras sobrevivía. Los monos poco a poco fueron desapareciendo y aquel lugar quedó como un símbolo de la resistencia ante la atrocidad del hombre.
Hasta hace unos días, sinceramente creía que esto era tan sólo era una leyenda, y que aquellos monos ya no existían, pero esta semana comprendí que toda leyenda tiene su parte de realidad. ¿Por qué? Porque todos aquellos monos de la leyenda están en el instituto donde curro ahora, y además, a muchos de ellos les doy clase. Me dí cuenta de que eran ellos porque el otro día vi a uno de mis alumnos comportandose como un puto mono colgándose de los tubos de la calefacción del techo y gritando cual babuino en celo. Esta creencia se ratifica cuando les echas la bronca, y se te quedan mirando con cara de chinpancé, como diciendo ¿qué he hecho mal? ¿sólo me he colgado de un tubo caliente que sale del techo?.
En fin… Sigo vivo, por ahora. Estoy contando los días que quedan para vacaciones, pero esto cada vez se me hace más y más pesado. Solo me consuela el hecho de que hace un año estaba muchísimo peor que ahora.
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Tiempo en el infierno: 17 días
Tiempo trabajado: 125 días
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