De policías, metralletas y profesores terroristas


Me he quedado un poco a cuadros cuando hoy he leído en el foro de un sindicato, que en las adjudicaciones de profesores de secundaria celebradas en valencia esta mañana había un despliegue policial, con metralletas incluidas, donde cacheaban a todos los participantes. Y es que es bien sabido por todos, que los profesores de instituto tenemos el mismo grado de peligrosidad de un terrorista suicida. De hecho, eso es lo primero que enseñamos cuando entramos en una clase: cómo inmolarse en un edificio público de la conselleria de educación. Toma geroma. En ese mismo instante me he mirado en el espejo. Tengo ya la barba bastante espesa y mis rasgos ya empiezan a parecerse a los de un jihadista, pero sin un bazuca en las manos. Y he pensado: “tengo mala hostia, lo reconozco, ¿pero tanta como para ser igual que un terrorista?” y un sinfín de imágenes se me han pasado por la cabeza, como hacer cócteles molotov con la senyera de la comunidad, o hacer una baraja de poker con la cara de todos los del gobierno de Camps… ah, no! que los terroristas somos nosotros, no ellos… creo. He alzado mi bolígrafo mugriento y tarjeta del paro y he gritado “muerte a los infieles” y ese ruido que hacen con la lengua que parece un grito así como “biriririririiiiiiii”, no sabría describirlo. Acto seguido, he salido a la calle dispuesto a inmolarme delante de la dirección territorial de alicante,porque estaba totalmente convencido de que si un órgano tan competente como la conselleria de educación nos trata como a terroristas, es que realmente somos terroristas. He llegado a la puerta y al grito de “cabrones infieleeees” he intentado inmolarme. He cerrado los ojos y he hecho fuerza y más fuerza, y más y más… hasta que ha venido un señor mayor y me ha dicho: “muchacho, ¿se puede saber que cojones estás haciendo?” y yo le respondo: “calle y váyase corriendo, no ve que me estoy inmolando” a lo que él me contesta “yo creo que lo que tú te estás es cagando”. En ese momento me he dado cuenta que efectivamente, mi acto suicida había sido infructífero. Todo seguía igual, excepto mis pantalones.

Así que, malditos bastardos infieles, sabed que la ira divina caerá sobre todos vosotros si no respetais a los profesores-terroristas de secundaria. Que nosotros somos muy chungos.

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