Y que este menos vaya aún a más


Me da igual. Te resistes a marcharte del todo pero sé que debes hacerlo. Hice todo lo que pude, te lo prometo. Y toda la angustia, aquel terrible dolor que era igual al de un puñal atravesándome el pecho una y otra vez como un castigo por no haberte salvado, aquella asfixia que me oprimía y me oprime el corazón cada vez que me quedo solo y pienso en lo que hice hace 21 días, todo eso, poco a poco se está transformando en una profunda pena. La misma que se podría tener cuando descubres una verdad eterna o un cuando se debe guardar silencio ante un sepulcro. La pena que me inunda los ojos es una rabia que se ha podrido en mi corazón y lentamente, pero de forma contundente enraíza sus sucios bulbos en mi vida.

Te echo de menos cada vez que entro en casa, cada vez que abro la ventana y espero a que vengas para oler el viento. Te tengo en casa y aún así me sigue doliendo.

Pero ¿sabes? He intentado reflexionar una y otra vez el por qué de todo esto, de tu enfermedad y de tus esperanzas de vida, de lo rápido o lento que fue todo, y de los momentos posteriores, de lo que pasó después, y la gente que te apoya y te dice que era la opción correcta, que todo lo que he hecho lo hice por tu bien, de la gente que se entristeció con la noticia y de los que lo sintieron muchísimo. He reflexionado todo lo que me han dejado reflexionar, porque yo también me estoy convirtiendo en un trozo de corcho, que hace lo que le dicen e intenta poner su mejor sonrisa, porque no puedo descansar, yo soy el que no puede intentar superar nada, porque ne me dejan, solo lo aplazo enterrándolo para cuando tenga tiempo para que me vuelva a doler el pecho y la cabeza, porque eso es lo que se espera de mí, más que un trozo de corcho, soy solo un burro al que le tapan los ojos, y que debe continuar arando hasta el final del día. Y después de todo esto, lo único que estoy aprendiendo es que la vida continúa irremediablemente igual, y que todos, sin excepción nos dejamos trozos de juventud en las aceras sin pararnos a pensar un momento en que tal vez, sólo tal vez, nuestra vida puede cambiar de un día para otro, en tan sólo un segundo, un segundo que puedes llorar cuanto quieras, pero que nunca nunca nunca jamás volverá atrás para poder evitar lo que hiciste.

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